
Un equipo internacional documentó que el Agua Intermedia Antártica invirtió su comportamiento entre 2016 y 2024 al volverse más salada, densa y profunda, un fenómeno registrado por la red de flotadores robóticos Argo y publicado en la revista Nature Climate Change que preocupa por su potencial impacto en la circulación oceánica global y el almacenamiento terrestre de calor y carbono.
Un estudio elaborado por un equipo internacional de científicos y publicado en la revista especializada Nature Climate Change confirmó una rápida inversión en el comportamiento del océano Austral. Los investigadores detectaron que una gigantesca masa de agua antártica alteró su tendencia histórica de densidad en un periodo de solo ocho años. El fenómeno registrado entre 2016 y 2024 genera inquietud en la comunidad científica internacional por la velocidad del proceso, el cual registra antecedentes similares ocurridos hace aproximadamente 130.000 años pero desarrollados a lo largo de varios milenios.
La estructura analizada corresponde al Agua Intermedia Antártica (AAIW), una franja hídrica ubicada entre los 700 y 1.200 metros de profundidad que se extiende desde el océano Austral hacia los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. Esta capa cumple un rol estratégico en el sistema climático planetario al redistribuir el calor, el oxígeno y el carbono entre las distintas cuencas marinas. Durante décadas, la masa de agua mantuvo registros estables caracterizados por una menor salinidad debido al constante aporte estival de agua dulce proveniente del deshielo marino.
El análisis de los datos físicos determinó que el retroceso reciente del hielo marino disminuyó el suministro estacional de agua dulce hacia el océano. Ante esta contracción del aporte superficial, la capa AAIW comenzó a incrementar sus niveles de salinidad y densidad, lo que provocó su desplazamiento hacia profundidades mayores. La investigación identificó un aumento de salinidad de aproximadamente 0,0048 gramos por kilogramo por década en el núcleo de esta capa oceánica, afectando a un volumen de escala continental.
La identificación formal del fenómeno fue posible mediante el uso de observaciones del programa internacional Argo, una red global de 4.000 flotadores robóticos encargados de monitorear las propiedades físicas del océano. Las mediciones de la red submarina fueron complementadas con datos obtenidos por sistemas satelitales para obtener la primera evidencia directa de esta inversión. Los cálculos formulados por investigadores de la Universidad de Melbourne señalan que el volumen de agua dulce liberado durante el verano pasó de equivaler a tres veces el caudal del río Amazonas a representar el doble de dicho volumen, lo que constituye una reducción de entre el 20% y el 30% en la recarga estacional.
El cambio de dinámica en las profundidades antárticas plantea serias implicaciones para el almacenamiento global de energía, dado que el océano absorbe más del 90% del exceso de calor acumulado en el planeta. Al alterarse la separación vertical que la AAIW mantiene entre las aguas superficiales y profundas, la penetración térmica podría modificar las estimaciones del calentamiento oceánico profundo y el nivel del mar. Asimismo, este proceso puede incidir en el transporte de carbono hacia el fondo marino y afectar progresivamente a los grandes sistemas de circulación del océano Atlántico.
De manera paralela, la comunidad científica monitorea procesos de alteración en el hemisferio norte, donde el océano Ártico experimenta la denominada atlantificación. Este fenómeno consiste en el avance de aguas más cálidas y saladas procedentes del Atlántico que penetran a través del mar de Barents y debilitan la haloclina, la capa protectora de agua fría y dulce que sostiene el hielo marino. Informes presentados por la Agencia Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos (NOAA) advierten que estas transformaciones estructurales amenazan la cadena trófica marina y la disponibilidad de recursos pesqueros.
Las evidencias observacionales confirman que la variabilidad en las masas hídricas polares genera un efecto multiplicador sobre el clima global y la navegabilidad de las rutas septentrionales. La acelerada recomposición de las propiedades físicas de las corrientes profundas demuestra una capacidad de respuesta del sistema oceánico sustancialmente más rápida que los registros históricos conocidos. Los equipos científicos continúan con el seguimiento continuo de los flotadores Argo para determinar la evolución a largo plazo de estos cambios estructurales.